Acércate.

Recuerda que el problema con la locura es que ya no es vista como una virtud.


Bienvenidos

enero 19, 2020

Hay experiencias que si se las cuentas incluso a alguien con quien tengas una confianza extrema, pueden fisurar o romper por completo esa relación.

Creo que hay cosas que el ser humano no se puede contar ni a si mismo. Las llevas detrás, en una especie de ruido de fondo, pero ni siquiera tú te atreves a buscar por ahí porque pone en peligro tu estima como ciudadano normal. Son atavismos lejanos de la especie, cosas que vienen de la noche de los tiempos, son cosas muy horribles que llevamos dentro, los fundamentos más salvajes de la propia existencia.

enero 13, 2020

Aquella mañana amaneció con un sabor de alas en la mirada, fue donde el arce naranja del jardín. Colocó un pequeño banco en la abertura del ventanal y esperó a que el pajarito de todos los días viniera a pararse en la rama. Deseaba escuchar su canto. En el sueño de la otra noche, el pajarito aleteaba en su alma dejando un viento de río dócil. Así, en silenciosa espera, estuvo hasta las doce del día, hasta la una, pero en esta ocasión el pajarillo de cada día, el sueño de su canto, no llegó. No llegaría.

enero 12, 2020

En este instante que escribo y tú me lees, quisiera que supieras, que supieras de verdad que en este momento hay una mujer desconocida cortando el pasto del parque frente a mi casa. Hay también en la banqueta unos niños que miran algo que se ha detenido en la rama del limonero. Un carro pasa y también una mujer embarazada, y yo quisiera que supieras, porque es necesario que lo sepas, que en este cuarto de libros apilados aquí y allá, hay unas pinturas, unos discos viejos y una ventana por la que entra el sonido de la música de Iraida Noriega. 

Ha caído ya la noche y ha venido aquella mujer a pedir un poco de café, que ya se me terminó. Quisiera que supieras ahora mismo que escribo y tú me lees, que esto no es la realidad, que podría serlo, pero que no lo es, porque la realidad esta cruzando esa puerta, esa calle, esa noche que te menciono acaba de caer sobre esta página virtual que, puedo imaginar, lees desde cualquier sillón del mundo.

diciembre 21, 2019

Cada noche, después de leer un rato o de anotar algunas palabras muchas veces incoherentes en mi libreta de bolsillo, me detengo en la contemplación de los objetos que rodean mi librero. Es una costumbre hacerlo ya. Es entrada la madrugada. Observo el lomo de las enciclopedias, el polvo del estante, las grietas en la madera, las manchas del caracol que traje de mi última visita a la playa. Detener la mirada en las patas de la mesa, en el lienzo de una pintura, en los trofeos viejos. Poco a poco he ido traduciendo el susurro de los objetos, sus silencios, y ellos a su vez, estoy segura, se reconocen en los míos, e indagan en mis huesos, y saben los que hay detrás de mi piel, y lo que he perdido como ser humano y lo que deseo, y en ocasiones, cuando mi cenicero o el tarro de cerveza quieren, por ejemplo, hablarme de la eternidad, se dejan caer al piso sin quebrarse, que es la manera de decir que la eternidad existe y yo soy otra.

diciembre 18, 2019

A veces me doy cuenta que escribo para mí. Hablándome en voz baja. Y no me parece raro, al contrario. Me acompaño en el momento del café, del descanso, de mirar por la ventana o de subir el volumen a la música. Sonriendo.

Igualmente siempre reflexiono en voz baja y en minúsculas, pero la escritura ignora esos matices e iguala todo a un mismo volumen. Y sin embargo, sigo aspirando a que algún día quien me lea comprenda el tono justo que corresponde a mis palabras.

Y luego pienso que es fácil escribir como quien mira un cuadro, desde cierta distancia. Lo verdaderamente difícil y apasionante es hacerlo desde dentro de él, con los pies llenos de lodo e iluminada por esa luz.