Acércate.

Recuerda que el problema con la locura es que ya no es vista como una virtud.


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marzo 28, 2026

Reflexión: Donde se quiebran las certezas

A veces no sé si lo que habita en mí es claridad o una forma disfrazada de soberbia. No sé si es convicción o el eco de todo lo que me ha costado soltar. Porque no llegué aquí intacta. He tenido que desarmarme muchas veces, cuestionar lo que creía inamovible, mirar de frente ideas que alguna vez me dieron paz y aceptar que ya no eran verdad.

Y no se llega a ese punto de una forma limpia.

A veces también duele. 
A veces una también llora cuando lo que creía se rompe y se queda sin suelo por un momento.

He leído, sí, pero más que eso, me he contradicho, me he equivocado, he tenido que desaprender versiones de mí que pensaba definitivas. Por eso, si a veces parezco firme, no es porque crea tener la razón absoluta, sino porque sé lo que implicó llegar a este punto.

Cuando me enfrento a ideas que siento peligrosas o poco pensadas, a veces me dejo llevar. No siempre respondo desde la calma; a veces hay algo en mí que reacciona, que se enciende, que no quiere ceder ni suavizar. Y después lo cuestiono. Me pregunto si era necesario, si era la forma, si ahí también hay algo que tengo que seguir trabajando.

Dudo. Dudo todo el tiempo. Pero entre hacerme pequeña para no incomodar y sostener lo que he construido con tanta fricción, elijo no traicionarme.

enero 13, 2026

Reflexión: Manifiesto para hacer cosas sin permiso

El mundo está roto —o al menos así se revela cuando llegas a la adultez— y entenderlo suele doler. Empiezas a notar las grietas: la prisa constante, la exigencia de ser productivo, la presión de que todo tenga sentido, utilidad o rentabilidad. Esa lucidez a veces paraliza, pero no debería hacerlo. Nada de eso tendría que quitarte las ganas de hacer proyectos personales pequeñitos, casi invisibles, intrascendentes para el sistema y profundamente necesarios para ti.

Hacer algo solo porque te nace, aunque no lleve a ningún lado, aunque no sea perfecto, aunque nadie lo pida, es una forma de desobediencia suave. Crear sin objetivo claro, sin promesa de éxito, sin validación externa. Jugar, probar, equivocarte, insistir. No como estrategia, sino como impulso.

No hay nada más punk que hacer algo porque te da la gana. Sin pedir permiso, sin explicar por qué, sin justificar su existencia. En un mundo obsesionado con la utilidad, elegir lo inútil es un acto radical. En una cultura que premia la corrección, elegir el error es libertad.

El cringe, la vergüenza o el remordimiento no deberían pesarte a ti. Que los carguen quienes necesitan aprobación constante, quienes miden todo en likes, dinero o resultados. Hacer cosas por gusto, por necedad o por simple curiosidad no es inmadurez: es una manera de seguir vivo cuando todo invita a apagarse.

Si el mundo está roto, no es tu responsabilidad arreglarlo todo. A veces basta con seguir creando algo pequeño, torpe, honesto. Algo que exista solo porque tú quisiste que existiera.