Acércate.

Recuerda que el problema con la locura es que ya no es vista como una virtud.


Bienvenidos

marzo 25, 2020

Si te ha roto el alma pero te abrió los ojos quédate con esa victoria.
Hay personas que en situaciones de emergencia no sirven para nada, lo cual no les resta la poca o mucha gracia que nos pueden causar en la normalidad. Éste es un buen momento para que ubiquen y recuerden que hay personas que son entretenimiento y jamás solución. Es época de darte cuenta con quiénes si, con los que sólo será a veces, y con los que nunca más.

Hoy más que nunca hay que mantener muy vivo lo que vale la pena vivir, lo que deseamos concretar, lo que nos alimenta y nos recuerda la importancia de levantarnos y seguir de pie ante lo que venga. Bueno o malo, siempre de pie. 

Que el virus sea el pretexto para guardarnos y mirar de nuestro pecho hacia adentro, cerrar nuestras ventanas y aprender a guardar silencio. Todos, como escribió Sabines, necesitamos tiempo, abstinencia y soledad. Necesitamos cicatrizar y la distancia es una buena maestra.  Lo bueno de aprender a estar en soledad es que te prepara para todo. Cuando te sientes bien contigo, no importa lo que pase, nada será tan grave. 

Y es que a ver si este encierro nos obliga a salir de nosotros mismos. Vaya ironía.

marzo 19, 2020

Me encontré y descubrí quien era, a raíz de eso, soy lo que ves ahora. Esto me formó y moldeó, esto... ¿lo sientes?   

Sube el volumen, deja que te llene.  

Una nota, un ritmo lento o impaciente, adrenalina bombeante, pasión, fuego dentro del fuego, un grito desgarrado o un tono sosegado, soy lo no previsto, lo cambiante, lo que sube en un momento y se desborda, lo que al momento siguiente queda derramado, soy lo eléctrico o un suspiro contenido, el momento extático en el que crees alcanzarme sin lograrlo porque en ese instante me acabo.  

La locura, lo violento, la caricia que presiona, lo que hace vibrar, el movimiento continuo, inestable, un espasmo involuntario, la fuerza o la debilidad, un ruego o una orden, pero siempre algo profundo, soy intensidad variante, inconstante.  

Soy el latido acelerado, la explosión de grises, lo rebelde y desesperado. Lo vivido, lo palpable o lo invisible, algo que se encuentra que puede desaparecer pero siempre dejará una huella marcada, algo que puede descubrirte en tus instintos más bajos, que pase el tiempo que pase podrá ser capaz de calar en ti y hacerte resurgir como si fuera la primera vez, si es que en esa lo consigo.   

Puedo serlo todo, o no ser nada.  

¿Tú que oyes? ¿Lo sientes? ¿Te vibra? ¿Te enloquece? ¿Te posee?   

Si la respuesta es un no, sería absurdo que siguiera, no vas a poder entenderlo.  

Si es un sí, ¿qué más puedo decirte? 

enero 19, 2020

Hay experiencias que si se las cuentas incluso a alguien con quien tengas una confianza extrema, pueden fisurar o romper por completo esa relación.

Creo que hay cosas que el ser humano no se puede contar ni a si mismo. Las llevas detrás, en una especie de ruido de fondo, pero ni siquiera tú te atreves a buscar por ahí porque pone en peligro tu estima como ciudadano normal. Son atavismos lejanos de la especie, cosas que vienen de la noche de los tiempos, son cosas muy horribles que llevamos dentro, los fundamentos más salvajes de la propia existencia.

enero 13, 2020

Aquella mañana amaneció con un sabor de alas en la mirada, fue donde el arce naranja del jardín. Colocó un pequeño banco en la abertura del ventanal y esperó a que el pajarito de todos los días viniera a pararse en la rama. Deseaba escuchar su canto. En el sueño de la otra noche, el pajarito aleteaba en su alma dejando un viento de río dócil. Así, en silenciosa espera, estuvo hasta las doce del día, hasta la una, pero en esta ocasión el pajarillo de cada día, el sueño de su canto, no llegó. No llegaría.

enero 12, 2020

En este instante que escribo y tú me lees, quisiera que supieras, que supieras de verdad que en este momento hay una mujer desconocida cortando el pasto del parque frente a mi casa. Hay también en la banqueta unos niños que miran algo que se ha detenido en la rama del limonero. Un carro pasa y también una mujer embarazada, y yo quisiera que supieras, porque es necesario que lo sepas, que en este cuarto de libros apilados aquí y allá, hay unas pinturas, unos discos viejos y una ventana por la que entra el sonido de la música de Iraida Noriega. 

Ha caído ya la noche y ha venido aquella mujer a pedir un poco de café, que ya se me terminó. Quisiera que supieras ahora mismo que escribo y tú me lees, que esto no es la realidad, que podría serlo, pero que no lo es, porque la realidad esta cruzando esa puerta, esa calle, esa noche que te menciono acaba de caer sobre esta página virtual que, puedo imaginar, lees desde cualquier sillón del mundo.