Acércate.

Recuerda que el problema con la locura es que ya no es vista como una virtud.


Bienvenido

Bienvenido
Todo un honor pasar por tu tiempo.

martes, 31 de diciembre de 2013

Gracias 2013

Y así, sin darme cuenta, se me acabó el año. Un gran año.

Para el 2012 esperaba un año gris, innecesario y por demás irrelevante. Y la vida nunca te da lo que quieres. Yo quería un amigo, y gané un gran amor, yo quería soledad, y gané compañía incondicional, yo ansiaba silencio y me inundó la música. Bien lo decían, si quieres resultados diferentes, debes comenzar a hacer cosas diferentes.

Esperé mucho del 2013, realmente demasiado. Esperé ser feliz, esperé fuera un año interesante, por lo menos novedoso. Y no hice más que esperar, y esperar. Y lo único nuevo fue lo mismo de siempre; rutina.

A unos días de mi cumpleaños, decidí que la felicidad sería un estado de ánimo, y no un objetivo futuro. Y me lo propuse. Y a días después de mi cumpleaños, la vida me atravesó en el camino lo mejor que podría darme; empatía, compañía y amor.

2013, un año difícil, aunque eso sí, con sus gratas experiencias.

¿Qué más puedo decir?. Cosas que me hubiese gustado hacer y no hice, cosas que hice y de las que ya no me puedo arrepentir. Como también cosas muy divertidas y alocadas que me gusta recordar con gracia.

Como en un aeropuerto, gente nueva ha llegado y se ha ido. Madurar es parte de ese ciclo: no apegarme a nadie que llegue, así como no obligar a permanecer a quien ni siquiera quiere seguir siendo parte de ella.

La lucha sigue, para bien o para mal, sigue.

A los amigos y a los conocidos, les deseo un 2014 lleno de fuerza vital para cumplir cada uno de sus objetivos, siempre y cuando sean en provecho al progreso de la humanidad y para sí mismos. Bendiciones, amor y luz para todos ustedes.



Querido 2014, para ser feliz, sólo te pido salir bien de la universidad.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Desconfianza


Me da miedo que el temor a mostrarme vulnerable no me deje conocer, ni permitir que me conozcan. Correr el riesgo es difícil cuando te lastimaron, pero no superarlo es bastante peor. Tengo miedo del miedo. Me perturba la posibilidad de repetir historias.

Me queda cómodo este lugar en el que estoy. Cerrada, jugando a ser distante y fría. Pero en la comodidad se estanca lo malo junto con lo bueno y nunca me gustó demasiado mezclar.


No sé como animarme a empezar otra vez sin que me afecte lo que pasó antes.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Miedo

El miedo...es la base, el miedo puro, mortal...es la línea de división de nuestras especies. Y no importa lo duro que luchemos para definirlo, no puede ser cuantificado. Pero es una de las pocas unidades constantes de medida, una de las pocas cosas que nos hace lo que somos.




La única fuerza humana con suficiente poder para superar el miedo...es el amor.




lunes, 28 de octubre de 2013

No lo consigo

No soy capaz de lograrlo.

Es que ya da igual que me lo proponga cada día que pasa o cada hora, simplemente no lo logro. Ya estás tan dentro de mi corazón, que no me queda ni un poco de fuerza de voluntad para ir en contra tuya.

Ya da igual lo que mi cabeza me diga. Ya da igual lo que mi cabeza le dicte a mi corazón, porque él tiene vida propia, y por mucho que a mí me moleste o incomode... también piensa.

No importa que me digas que sólo puedes verme un día a la semana, porque yo querré verte cada día, y me inventaré cualquier excusa para poder lograrlo.

Ya da igual que me digas que los miércoles no, porque mientras podamos jugar videojuegos tendré una excusa.
El viernes... bah, puedo visitarte en tu casa un rato.
El sábado está bien porque podemos ir por un helado... eso nunca falla.
Y el domingo... siempre apetece ir al cine.

Pero que algo quede claro, todos y cada uno de mis días quiero pasarlos a tu lado.


Y es que te amo.



jueves, 10 de octubre de 2013

Sal con una chica que lee.

Sal con una chica que lea. Sal con una chica que se gaste el dinero en libros en vez de en ropa. Que tenga problemas de espacio en el armario porque tiene demasiados libros. Sal con una chica que tenga una lista de libros que quiere leer y credencial de la biblioteca desde los doce años.

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Encuentra una chica que lea. Sabrás que lo hace porque siempre llevará un libro a medias de leer en el bolso. Será la que mire con amor las estanterías de la librería, la que llora silenciosamente cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves la chica rara que huele las páginas de los libros viejos en una librería de segunda mano? Esa es la lectora. Nunca se pueden resistir a oler las páginas, especialmente si están amarillentas.

Es la chica que lee mientras está esperando en la cafetería del final de la calle. Si echas un vistazo a su taza, verás que la crema del café está flotando en la superficie porque ya está absorta. Perdida en un mundo que el autor ha creado. Siéntate. Probablemente te mire fugazmente, como la mayoría de las chicas que leen no le gusta ser interrumpida. Pregúntale si le gusta el libro.

Invítala a otra taza de café.

Hazle saber que lo que piensas de Murakami. Comprueba si ha pasado del primer capítulo de La Comunidad del Anillo. Entiende que si te dice que entendió el Ulysses de James Joyce sólo te lo dice para sonar inteligente. Pregúntale si le gusta Alice o si le gustaría ser Alice.

Es sencillo salir con una chica que lea. Regálale libros por su cumpleaños, por Navidad y por los aniversarios. Dale el regalo de las palabras, en poesía, en canciones. Regálale a Neruda, Pound, Sexton, Cummings. Hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Entiende que ella conoce la diferencia entre los libros y la realidad, pero por Dios que va a intentar hacer su vida un poco como su libro favorito. Nunca será tu culpa si lo hace. De alguna manera tiene que intentarlo.

Miéntele. Si entiende la sintaxis, entenderá que necesitas mentir. Tras las palabras hay otras cosas: motivaciones, valores, matices, diálogos. No va a ser el fin del mundo.

Fállale. Porque una chica que lee libros sabe que el fracaso siempre lleva hasta el clímax. Porque ellas entienden que todas esas cosas tendrán un final. Y que siempre puedes escribir una secuela. Y que puedes empezar otra vez, y otra y seguir siendo el héroe. Que la vida está destinada a tener un villano o dos.

¿Por qué estar asustado de todo lo que no eres? Las chicas que leen entienden que esa gente, como los personajes, evolucionan. Excepto en la saga Crepúsculo.

Si encuentras una chica que lea, mantenla cerca. Cuando la encuentres a las 2 de la mañana sosteniendo un libro contra su pecho y llorando, hazle una taza de té y abrázala. Puedes perderla por unas cuantas horas, pero siempre volverá a ti. Hablará como si los personajes del libro fuesen reales, porque durante un rato, siempre lo son.

Te declararás en un globo aerostático. O durante un concierto de rock. O casualmente la próxima vez que esté enferma. Por Skype.


Sonreirás con tantas ganas que te preguntarás por qué tu corazón no ha explotado y la sangre no está corriendo ya por tu pecho. Escribirás la historia de vuestras vidas, tendréis hijos con nombres extraños y gustos aún más extraños. Les presentará a vuestros niños al Gato Garabato y a Aslan, quizá el mismo día. Pasaréis los inviernos de vuestra vejez juntos y ella recitará a Keats en voz baja mientras te sacudes la nieve de las botas.

Sal con una chica que lea porque te lo mereces. Te mereces una chica que pueda darte la vida más colorida imaginable. Si sólo puedes darle monotonía y horas aburridas y compromisos a medias, entonces estás mejor solo. Si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, sal con una chica que lea.

O mejor aún, sal con una chica que escriba.

                                                                              Rosemary Urquico




Un texto que encontré mientras vagaba por internet que me gustó mucho y decidí compartir. Espero te hayas sentido tan identificado (a) como yo.

PD:  O todavía mejor, sal con una chica que lea, escriba, le gusten los videojuegos, el rock/metal y sea muy friki. :B

jueves, 3 de octubre de 2013

Lee lo que te de la gana.

No tengas el menor remordimiento. Hazlo con la naturalidad con la que te quitas los zapatos que te están incomodando y no resultan de tu agrado. Eso es lo que hay que hacer con determinados libros, saber prescindir de ellos. Sé muy bien que una cosa es dar una recomendación y otra muy diferente llevarla a la práctica. Muchos de nosotros arrastramos sentimientos de culpa autogenerados que nos imponen pesadas cargas.

Llevamos a cuestas decenas de inercias, complejos y culpas que por razones inexplicables nos impiden desprendernos de cierto material bibliográfico con agilidad. Hay quienes sufren libros que no quieren terminar (porque son un suplicio) pero se sienten presionados por su propia conciencia (como si fueran peregrinos de camino a la Basílica, el que una vez iniciado lo deben por fuerza concluir) a ponerles fin. Esos libros acumulan polvo en la mesita de noche o el buró, o se maltratan en el coche esperando una oportunidad para ser leídos. En nuestros libreros se forma un pelotón de libros que leemos por obligación o por quedar bien. Y lo hacemos, en muchas ocasiones, por aquello de que: no se puede andar por la vida sin haber leído el último ensayo sobre los impactos del calentamiento global. O tal vez el último ensayo de esos profesores-oráculos que se dedican a restregarnos en la cara que habían predicho (varios años antes de que ocurriera) el desastre de las torres gemelas. Su particular forma de presentar las cosas lo hace sentir a uno tan absurdo como si su predicción hubiera sido noticia de ocho columnas durante un montón de meses y sólo nuestra supina ignorancia pudo pasar por alto tan clarividente advertencia. El sentimiento de  culpa nos orilla entonces a leer (con una mezcla de resignación y humildad) los tabiques de esos genios de la predicción. Y venga a nosotros el sufrimiento.


Es también muy frecuente que (por aquello del desvelo social) nos autoimpongamos auténticas torturas literarias. No es muy agradable -es cierto-  que en una cena amistosa algún listillo te suelte el típico obús: ¿Ya leíste el último de Murakami? O también puede ocurrir que nos encontremos con su variante anglolactante que con tonillo melifluo pregunta: ¿No sabes si ya tradujeron el último de Mac Ewan al español? En ambos casos el diablillo que tenemos dentro nos conmina a dar una solución al “fuera de lugar” en el que el preguntón impertinente nos puso. En vez de ignorarlo paladinamente caemos en su trampa, y la reacción típico de quien sintió su amor propio lastimado será pedir el libro por Amazon o ir corriendo a la Gandhi (o el descarado que lo descargará de internet) esa misma noche y sentir la compulsiva necesidad de leerlo íntegramente para regresar el alma a su estado natural. Frustrante forma de leer esa.

El buen lector sabe que debemos resistir a todos esos cantos de vanidosa sirena y contestar con soberano aplomo: NO, no lo he leído. Un no redondito e impermeable a cualquier otra sugerencia que interfiera con nuestro sano propósito de leer solamente aquello que nos de la regalada gana.

Seamos francos, a lo largo de nuestra vida hacemos ya muchas concesiones leyendo un montón de textos, artículos, ensayos e informes por obligación. Nuestro trabajo o estudios lo requieren y por tanto lo cumplimos. Muchos, encontrarán placer en la lectura del material que constituye su trabajo o estudio; otros lo harán con gallardo profesionalismo. Pero una vez cumplidas las lecturas preceptivas para el buen desarrollo de nuestras tareas, debemos conferirnos a la imperial capacidad de sólo leer aquello que nos dé un placer enorme.

Si te gustan las novelas de fantasía no tienes porque informarle a ninguno de tus pomposos interlocutores que lo haces. Así te ahorra los clásicos comentarios de: “Eso lo leía cuando era niño”. La intimidad es para regodearse en todo aquello que a los demás les importa un comino; y la lectura es una parte del núcleo fundamental de actividades que no tenemos por qué compartir con los demás y mucho menos para hacerlo por quedar bien o conseguir prestigio social.


Si te gustan los escritores libertinos, sucumbe a la tentación de leerlos con tu bebida preferida y no le pidas permiso a nadie. Devore a Rétif de la Bretonne o al siempre imaginativo Casanova sin tener que imaginar que te vas a presentar a un examen de literatura. Concédete el derecho irrestricto de disfrutar en exclusiva lo que te gusta…sin complejos de culpa.

Si te agrada la lectura picantona o tienes gustos sospechosamente emparentados con la ramplonería, tranquilo, devora tus libros a gusto. No te sientas obligado de invitar a tu imaginario profesor de lectura a la sala de tu casa. Mándalo a ya sabes dónde ¬¬…A todos nos cuesta mucho ganar espacios de autonomía  y por eso vamos por la vida negando que nuestros autores favoritos siguen siendo Conan Doyle, Mika Waltari o hasta la mismísima J.K Rowling. –Jaja, perdonen mi frikes- Nos sentimos confundidos cuando en esas mágicas tardes de sábado en las que encontramos dos horas seguidas para estar con nosotros mismos nuestros grandes compañeros son Dickens, Tolkien, Carvalho, King o Montalbano.


No sufras más, y piensa que una vez que ha llegado el nivel que tienes, nadie, ni siquiera tú mismo en funciones de Pepito Grillo, debes obligarte a leer lo que no te apetece. Al igual que Bush dijo, en una especie de rebelión infantil tardía, que a sus años (y siendo presidente de Estados Unidos) nadie podrá forzarlo a comer brócoli, pues bien, a ti -faltaría más- nadie tiene derecho a robarte tus ratos libres y obligarte a leer lo que no quieres.

martes, 17 de septiembre de 2013

Callar a veces es lo mejor...

Que en los libros se atesora toda la sabiduría del género humano es un lugar común, pero no por común es menos cierto. La lectura de ciertos libros nos deja siempre un cúmulo de ideas nuevas y líneas de pensamiento que interiorizamos, las usamos sin recato para adornar nuestras conversaciones y después olvidamos su origen. NOS APROPIAMOS ASÍ DEL PENSAMIENTO AJENO QUE SIN MÁS TRÁMITE PASA A SER NUESTRO.

El otro día me reproché a mí misma no reconocer que una compasiva frase de Víctor Hugo, lo cual causó estupor en mi interlocutora, la estaba simplemente copiando en lugar de reconocer que citaba a Hugo; guardé un prudente y ambiguo silencio cuando ella exclamó: ¡qué barbaridad, no sabía que fueras tan sensible!

Callar a veces es lo mejor, aunque después nos persiga una ladradora jauría de remordimientos por jugar al impostor. Dicho esto y antes de que sea demasiado tarde, comparto algunas ideas que he obtenido espigar de esa inagotable fuente de sabiduría y buen gusto que es JAVIER MARÍAS.

En realidad nunca deberíamos -preconiza ese gran escritor- decir nada que no fuese estrictamente necesario. Si fuésemos prudentes sólo contestaríamos aquello que nos preguntan quienes tienen razones válidas para hacerlo o a quienes no tenemos más remedio que contar detalles por subordinación o respeto a las leyes.

Si nos tomáramos la vida en serio, seríamos más cautos a la hora de dar información y también sórdidamente avaros con los detalles que no sean esenciales para transitar por ella y cumplir nuestras obligaciones. PERO EN LA NATURALEZA HUMANA ESTÁ EL HABLAR.

Si somos francos con nosotros mismos reconoceremos que decimos un montón de cosas POR DARNOS IMPORTANCIA. Por febril locuacidad soltamos, como mangueras descontroladas, parrafadas completas (para nuestra desgracia) que tarde o temprano penetran como afiladas lanzas en las almas de personas que nos escucharon. PERO CALLAR NOS CUESTA MUCHO –a mí no tanto, soy realmente tímida-. ¿Cuántas indiscreciones nos cuentan en una semana con el propósito de generar “confianza”? Empiezan con el típico: esto te lo cuento a ti, esto se lo digo (así hablan los políticos) al amigo; como si pudieras desdoblarte en tu ser y en el amigo del político y estar los dos escuchándolo. ¿Cuántas CONFESIONES INÚTILES se hacen con el único propósito de impresionar al otro o atiborrar su cabeza con venenos de imprevisible efecto? ¿Cuántas veces tenemos que "tragarnos” intimidades cuyo conocimiento nos resulta irrelevante y muchas veces incómodo, porque alguien tiene ganas de hablar?


En realidad, no deberíamos hablar más de lo necesario.





lunes, 9 de septiembre de 2013

Probando la vida.


La vida tiene varios sabores, por ejemplo, hay ocasiones en las que nos sabe a dolor, a la sal de lágrimas que caen sin que podamos evitarlo, a la amargura en la garganta, sabe a tristeza, a añoranza, a desencanto, a comida caducada, a lejía...
Sabe a fuego en las entrañas, a odio, a ojos ciegos, a oídos sordos, a gritos atorados en la garganta, a piel insensible, sin tacto alguno.

A muerte.

Afortunadamente, otras veces, y he descubierto a quién dar las gracias por ello, la vida te da alegrías y puede saber a helado, a palomitas con mucha mantequilla, a gomitas, a una coca cola bien fría, a café, a tequila…

Sabe a abrazos sin precios, a nubes con formas infinitas para imaginar, a  una chimenea en un día frío, al aire rozándote la piel. Sabe a una ducha tibia después de pasear bajo una lluvia fría. Sabe a mar y arena. A un te amo dicho despacio en el oído, a un beso robado, a una mirada que lo dice todo, a saltos de alegría, a risas sinceras, al consuelo de un amigo, a sueños con prados verdes, a personas que aún sin conocerlas son capaces de sacarte una sonrisa, a viejas películas épicas, a una canción que habla de ti, a la comodidad mientras lees, a una tarde de videojuegos, a una pijama caliente en un día frío…

Sabe a cosas bonitas y bellas.



"Estar preparado es importante, saber esperar lo es aún más, pero aprovechar el momento adecuado es la clave de la vida".

viernes, 6 de septiembre de 2013

Otro año cumplido.

Ya es seis de septiembre, tu cumpleaños. Y aquí estoy, buscando una forma especial para felicitarte, y como en tu día no he podido estar presente, te ofrezco estas palabras (me encanta escribirte) y así te siento cerca, siento que estás conmigo. Cierro los ojos e imagino que puedo abrazarte.

Podría decirte mil cosas, todas tan tuyas y mías, todas necesarias y profundas, infinitas y verdaderas. Un arsenal de ellas. O quizá bastaría con una, repetida y escrita millones de veces hasta que mi voz y mi mano se cansen y no puedan más...

Te amo...Te amo...Te amo...
Te amo...Te amo...Te amo...
Te amo...Te amo...Te amo...

¿Sabes? hace un momento intentaba imaginarte de pequeño, tan frágil y tan fuerte a la vez, lleno de sueños y amor. Envuelto entre los amorosos brazos de tu madre. Tus palpitaciones y tu llanto fundidos en una gran explosión de vida, tan dulce y brutal.

Lo he visto, sí, y he sonreído y llorado de felicidad. ¡He podido sentirlo!

Después, me pareció escuchar tu voz, resonaba en mi como tantas veces, como cuando me siento sola, como cuando me pesa la aflicción, como cuando estoy agotada de vivir y sobrevivir, como cuando me desespero, como cuando no logro entenderme y mucho menos entiendo al mundo, como cuando sufro y al final todo termina. 

Decías: Sécate esas lágrimas, que no estás sola porque yo no me he ido y ni lo haré, ánimo que Dios está con nosotros. Te amo.

Y entonces no creo que sea mía tanta felicidad y corro a abrazarte y a prometerte que seré siempre fuerte, la más valiente y osada. Mientras doy las gracias por tu llegada a este mundo. Mientras te digo...felicidades amor mío, otro año cumplido.




¡Feliz cumpleaños amor!

domingo, 18 de agosto de 2013

La música está viva.

La música es un arte instructivo, es decir, si no se realiza en tiempo real de nada ha de servir su existencia. Es tan efímera que depende del tiempo, depende del espacio. Es el sonido. Eso dice el humano.

Se reproduce en cualquier parte y no necesita modelos. Reside en nuestra mente, en el cuerpo, tiene vida. Los humanos somos marionetas. La naturaleza es un instrumento altamente necesario.

La escuchamos, la atrapamos en inventos desde hace más de cien años. Ahora contenida en diminutos aparatos creemos que se quedará con nosotros a nuestra voluntad. Qué ingenuos somos los humanos.


No es esa música que se compra, que se roba, que se crea. Es esa música que no se puede almacenar, que nos deja erizada la piel, la que nos roba el sueño.

A esa no la podemos reproducir, ni esos elegantes caballeros que presumen inventarla. No existe nada que pueda retenerla.

Todos somos esclavos, mercenarios, pobres idealistas de ser dueños de la música porque nosotros la inventamos. ¿Quién les dijo a los humanos que la música la inventaron? La antropología no sabe de nada y la sociología no sabe de arte.

El arte se siente. La música no es arte, es vida.

Es  eso que todos quisiéramos guardar, es un recuerdo, un espacio, el amor, un abrazo, las horas, un tren, la infancia, el sonido de una voz, un viaje, un sueño, la vida que se ha escapado.



lunes, 29 de julio de 2013

¿El falso progreso humano?



Una cosa es bien 'sabida', el progreso y la civilización van de la mano con la tecnología, nadie lo puede negar. Nuestra sociedad, la actual,  se mueve en base a un riguroso régimen de condiciones sociales, económicas y cuanto se usé o conozca de tecnología. Vamos avanzando, como dirían muchos especialistas. Educándonos, mirando hacia un futuro sin errores. Sin embargo, olvidamos lo necesario, lo principal, lo básico, lo lógico, lo elemental, que si bien es tan obvio, nos da lo mismo, porque siempre está ahí para nosotros, no pensamos en que se puede terminar. 

Un defecto general de la humanidad es el egoísmo. Esto lleva a la ignorancia, al olvido, al destierro.

Un día se terminará la comida.
Se terminará el agua.
Se secarán las tierras.
Morirán los animales.
Se extinguirá la Tierra.
Explotará el Sol.

Esos detalles mínimos, los olvidamos mientras construimos mejores formas de realizar nuestras actividades.y facilitar nuestra vida cotidiana. Nos embriagamos de comodidades. Independientemente de que olvidemos estos detalles, estamos en un tiempo donde las mismas tradiciones impiden el progreso intelectual, humano. Retrocedemos a la edad media.

Un ejemplo.

La corrida de Toros, más que una tradición es una barbaridad digna del Coliseo romano. Cualquier tradición que implique lastimar a la naturaleza es sinónimo de retroceso.

Si bien avanzamos con la tecnología y nos eleva a un punto de querer conquistar el Universo. También debemos conocer nuestros límites, hasta donde debemos detenernos, que debemos rescatar, cambiar.

Qué triste que la vida se nos vaya en pensar en maneras más simples de vivir, mientras el alimento se acaba, el agua se extingue. Un día va a temblar y moriremos, tampoco pensamos en eso porque estamos aquí para vivir, porque nosotros como humanos somos dignos de la vida, lo merecemos, porque “pensamos”, construimos, hablamos, caminamos en dos patas y tenemos dedos pulgares que nos hacen sostener cosas, inventar.  Aunque en verdad nada nos afirme que somos únicos.

La tecnología es capaz de mejorar nuestra vida y nos dirige hacia el progreso. Sin embargo sólo quien tiene la posibilidad de pagarla  puede progresar. Los que no, se ajustan a lo que tienen y seguimos paralizándonos como sociedad.

La ignorancia va con la tecnología, con las tradiciones, con la muerte. ¿Qué se puede hacer? Nada, por ahora nada, porque el mundo está en manos de los poderosos, ya no hablemos de hombres, sino el poder en si, esa sustancia que domina el cuerpo y hace que la sangre pierda consistencia y nos de un vuelco el cerebro. El poder domina el mundo, sólo el mundo. Qué bien que la humanidad aún no logra patentar su ignorancia, concretar viajes a la luna y de regreso, esos anhelados viajes al pasado y de vuelta, viajes al infinito cosmos y entonces, todo estaría infectado de ese poder, de esa vulgar necesidad de pensar en el “yo” de la perpetua agonía de la ignorancia y el egoísmo.


El progreso depende del tiempo y también se estanca. Cambia constantemente y no depende de un sector definido.



La naturaleza al contario, no es rentable, no es redituable, no lleva a ningún progreso, está ahí, para gozo y beneplácito humano y aparte es un espectáculo hermoso. Todo lo que en ella es, esta para servir. Aunque un día ella también ha de morir y con ella también nosotros. Y ese es nuestro más grande regalo.




viernes, 26 de julio de 2013

Sin máscara. Esto soy.





Estoy aquí con el fin de expresar la sinfonía de mis letras, como muchos de ustedes. En lo particular, no soy buena expresando o describiéndome. Ni tan subnormal ni extraña como otros humanos. Aunque sin duda, mi vida no es normal. Siempre viví entre letras, cuentos, animales, pinturas, dibujos, relatos de hadas, príncipes aventureros y mundos fantásticos, los que siempre espero.

En cuanto a mi personalidad, soy multiforme y a veces una bruja psicótica. Con tendencia a la esquizofrenia que sueña con entender a la sociedad, la historia, el hermetismo y cualquier manifestación artística, especialmente enloquezco con el cine. Todo esto con un tinte mágico de dualidad y fantasía. 

Amo a los animales, humanos y cualquier ser vivo que se digne de serlo. Un tanto enigmática y rebelde. Suelo ser una criatura encantadora cuando recibo mucho amor. Aunque soy un tanto intolerante a los ignorantes y traidores. Me pongo en plan pesada pero no me negarán que me veo más defectuosa y humana luego. Eso sí, quienes me conocen, me quieren, quienes no, sólo tienen especulaciones.

Soy una introvertida con claustrofobia. Un mundo con ganas de platicar. Una tímida que necesita socializar. Algo.

Lo sé, es una pésima reseña de mí misma. No tengo otra manera de comunicar mi locura y amor al arte y la justicia.

martes, 9 de julio de 2013

Un poco más

Imperfectos, eso somos los seres humanos, esa es la razón por la que estamos juntos, para poder aprender de nosotros mismos y ayudarnos a ser perfectos. 

Los seres humanos somos demasiado complejos, que de un grano de sal queremos que nazca el mar.

Humanos, estos seres egoístas y celosos. Se enamoran y se olvidan. Se odian y se despiden. Se matan y se duermen juntos. 

Los seres humanos nunca aprenderemos el valor de la honestidad. Tuvimos que llegar a herirnos  para bloquearnos el corazón, bloquearnos el recuerdo, la memoria y olvidar pronunciar el nombre de aquel que nos dio la vida. 

No somos perfectos, por eso es que debemos amarnos un poco más.



miércoles, 24 de abril de 2013

Verdad.


La verdad es la única sustancia que no se puede esconder, transformar, no es compatible con ningún elemento. No se debe mezclar. Esta echa de un material indestructible, casi no terrestre.

La verdad tiene sólo posee una cara, ya lo demás son excusas para intentar disfrazarla. Conocerla nos puede traer grandes beneficios así como desgracias pero siempre llevará a la paz.

La verdad tiene ese sabor a tranquilidad que nunca cambia, es eterno. Una vez conocida lo demás es poca cosa. Vale demasiado en todos los casos. Si pudiera canjearse en el banco, tal vez en México no padeceríamos hambre.

Es sencilla y tiene vida. La verdad da la capacidad de poder ser libre, escapar, saborear sabiduría aunque no sea académica. Automáticamente nos apodera el valor. Conocer la verdad en cualquier circunstancia puede ser la cura para las enfermedades anímicas y del amor.

Esta verdad no consiste en decirla, si no en encontrarla, en cualquier parte esta, es sólo cuestión de buscar y saber encontrarla porque uno se puede confundir.

La verdad siempre estará ahí para todo aquel que quiera encontrar un poco de paz mental.


miércoles, 6 de marzo de 2013

Cada uno con su vida.

Cuando todo este como este y vaya como vaya... este siempre será el paraíso, eso dicen los que escriben, cuentan los que leen, sueñan los que hablan. Se llama escape, aunque suene un tanto cobarde. Es la balsa del náufrago, el escondite del ladrón, la casa del amante, el orden en la mente, las armas de una revolución.


domingo, 17 de febrero de 2013

A un año.


He guardado ese día en un cuadro para verlo una y otra vez.

Fue como cualquier otro día, así tan común que la tranquilidad en una ciudad tan caótica se vio natural, hasta cómplice. Qué complejo fue todo en mi mente ese día. Y estabas ahí, inmóvil, sonriendo.
Tu cabello acomodaste y tus manos debieron temblar como lo hacía mi corazón. Un pantalón de mezclilla, playera gris o café, ¿una chamarra negra? La verdad no recuerdo la ropa, sólo tu cara que no quise mirar. Ya sabía que iba enamorarme de ti, por causa y efecto, por ley de polaridad, por que como es arriba es abajo, porque como venimos nos vamos. Todos los principios del Hermetismo se hicieron presentes esa tarde. Tú aún no lo sabes.
Todo se pinto en sepia como una novela grafica... es por eso que nosotros vivimos en una. "Nuestro libro sentimental".
Las horas pasaron poco a poco entre una plática superficial de dos extraños que ya se conocían y se vuelven a conocer. Salimos del cine. El frío, la humedad, el clima estaba conjugando bien, despacio. La tarde comenzaba a brillar por las luces y tú intentaste besarme.
Pude escapar, huir, correr lejos de ti y luego arrepentirme de lo que hice… el atardecer no me dejo.
Me quedé, trate de no contemplarte, sabía que me gustabas, sabía que no debía estar ahí.  Y tus manos grandes sobre tus piernas. Hablamos de nada, de nada en realidad, porque no recuerdo nada, solo la imagen, la escena, tu voz. La resonancia del clima.
No hubo música, más bien mucho silencio y destino. Te ame.
Hace mucho tiempo me dijeron que te conocería. Debí huir, pero no me arrepiento hasta donde hemos llegado. Pude irme y decirte no. Sin embargo, aquí estamos, llenos de cosas hermosas, llenos de esto, del otro. De que no nos dejamos, de que nos amamos.
Y ahora seguimos aquí, después de un año, donde sigue el engrane… suena, se mueve.
Ese día se va a quedar para siempre en mi memoria. Nunca jamás, ni con todo el dinero y malicia me arrancarán ese día. De ese viernes frente a un hermoso atardecer de febrero.


lunes, 14 de enero de 2013

Pensar.


Siempre me dijeron: no pienses tanto. Y lo hice: dejé de pensar en mis amigos, en las cosas que hacía, las cosas que quería. La frustración y el desasosiego desaparecieron en gran medida, y aunque el tiempo muerto se volvió productivo, surgieron nuevos traumas. Y aunque menos estresantes, igualmente me desubican algunas cosas de la escuela. Ya no siento ser quien era, siento que no conozco a quienes creo que son. ¿Qué hago? ¿Qué estoy haciendo? ¿Hacia dónde voy? y ¿Porqué voy? Son preguntas que se volvieron más insistentes en mi cerebro, me han hecho sentir tantas cosas buenas y malas, que me siento Alicia esperando a que la encuentren. Sentada en la piedra esperando por ser encontrada, sintiendo la burlona sonrisa del gato a sus espaldas. Espero algo sin saber que es, teniendo la fe de que lo sabré en cuanto lo vea.

Llegar a este lugar y comenzar a escribir provoca una sensación de coladera absorbiendo tus problemas, Es una catarsis, lo sé. Te detienes un momento a mirar un poco, hay una imagen extraña de ti. Me duele mi estomago, quizás los nervios que me provoca reencontrarme con una sola persona en el mundo ya hicieron efecto, Comienzo a sentir celos. Siento un bochorno de sensaciones asfixiantes, una marea de pesado lodo que te absorbe como arenas movedizas... Siento la necesidad de aferrarme a algo para no caerme y siento el miedo que provoca hacerlo. Quiero llorar del miedo, quiero escapar a algún lugar como mi cama y cubrirme con las cobijas como cuando era pequeña. Y quiero... que no se preocupen, estaré bien. Al final uno tiene que estarlo.