Acércate.

Recuerda que el problema con la locura es que ya no es vista como una virtud.


Bienvenido

Bienvenido
Todo un honor pasar por tu tiempo.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Inquietud y un nuevo camino

Hace aproximadamente un mes, cuando andaba recuperándome de mis manifestaciones personales, alguien me comentó sus propias reflexiones:

“El mundo es porquería, lo es. Es una porquería y punto. Yo reciclo, uso focos ahorradores y cierro la llave mientras me lavo los dientes. Nada de eso salvará el mundo.”
Por un momento me pareció algo muy inteligente. No porque fuera algo que no se me hubiera ocurrido antes, sino porque lo dijo con ese toque ácido que me llegó al corazón. Sólo le faltó decir que quería poner una bala en la cabeza de cada panda que no se reprodujera para salvar la especie.
Me pareció muy inteligente, y me pregunté qué carajo nos pasa a algunos que parece que tenemos una obsesión por salvar el perro mundo, una obsesión que nos impide dormir por las noches, que no nos deja sonreír tranquilamente.

Qué urgencia más extraña la nuestra. Cómo si el mundo hubiera hecho algo por nosotros.


A veces me da mucha envidia toda esa gente que, teniendo acceso a la misma información que yo sobre el estado del mundo, consigue vivir felizmente en un estado de ensueño. Me pregunto cómo hace uno para mirar hacia otro lado todo el tiempo e ignorar el dolor.


Los automóviles siguen funcionando con petróleo usando una tecnología que tiene muchísimo tiempo, llenando la atmósfera de humo y consiguiendo que nos ahoguemos lentamente en nuestra propia porquería. Cada día quedan menos árboles. Cada año se fabrica y se pone en las tiendas más y más basura inútil que nadie necesita pero que compra para justificar sus horas semanales de explotación laboral. Poca gente cree que el trabajo que realiza tenga un impacto positivo en el mundo, sino todo lo contrario. Muchos siguen sin reciclar la basura, y los que la reciclamos rezamos para que el señor de la basura no la vuelva a juntar después y a enterrarla en la montaña, lugar del que inevitablemente un día volverá. Yo tiro las pilas a los contenedores especiales, pero cada vez que lo hago pienso en todas aquellas personas que las echan a la basura común, así nomás. Supongo que a ellos nunca les explicaron el problemota que se puede generar. Quizá mi problema es que sé demasiado. En cualquier caso no hace falta pensar mucho para saber que la suciedad que se mete debajo de la alfombra vuelve a salir después. Imagino que en el fondo les importa muy poco, que son conscientes de que la vida es corta y que no serán ellos los que sufran las consecuencias. O si las sufren, no será hoy. A ver qué ponen en la tele. Industrias farmacéuticas perpetuando los mismos problemas que dicen resolver, vendiendo a precio de oro el elixir de la falsa felicidad, y babosos como yo criticándolos. 

Se continúan provocando guerras, se continúan creando armas, se continúan silenciando opiniones.

El país está lleno de ratas y desalmados. Creo que un día me largaré para no verlo. No puedo más. Políticos azuzando el fuego del nacionalismo tratando de sacar un beneficio electoral, revolviendo el mar para ser luego ellos mismos los únicos que obtienen ganancia. Políticos trincando comisiones, permitiendo que se regale hasta el último metro cuadrado de una costa de un país privilegiado.. Y los demás mirando hacia otro lado, comprando viviendas para especular y metiendo un BMW en la hipoteca a interés variable, no sólo consintiendo la corrupción política sino echando carbón a su caldera, admirando a aquellos que manejan lo que ellos no tienen la oportunidad de robar. Y ahora, después de años de alimentar el espejismo, viene la parte en la que el castillo de naipes se viene abajo, la parte en la que toca tragar heces, la parte en la que la suciedad sale de debajo de la alfombra y hay que lidiar con ella.



Me pregunto cómo hace la gente para mirar hacia otro lado y, no ya ser feliz sino parecerlo. Cuando miro a México siento vergüenza, y si intento mirar hacia otro lado sigo oliendo el olor que destila. Y, sinceramente, se me hace un nudo en el estómago y se me inundan los ojos. Lo único que puedo hacer es mirar a mi alrededor y aguantarme las ganas de "echar bronca", y esperar que la gente aprenda la maldita lección, que aprendan que ellos no son sus trabajos, que no son sus cuentas en el banco, que no son los coches que tienen, que no son el contenido de sus carteras, que no son los restaurantes caros a los que van, ni los putos pantalones que llevan puestos. Son la mierda cantante y danzante del mundo. 

Quizá, después del desastre, haya quien lo comprenda esta vez, entienda que no es un hermoso y único copo de nieve, sino que es la misma materia orgánica en descomposición que todo lo demás. Todos somos parte del mismo montón de mierda.


La mayoría de personas de mi generación nacieron en una sociedad libre y organizada. Siempre han tenido más de lo que han necesitado. No han conocido el hambre. Han tenido una educación decente. Lo hemos tenido todo hecho desde el principio, y en vez de aprovechar ese impulso para llegar más lejos, hemos dado un paso atrás.

Nos han hecho creer que la felicidad se esconde en el siguiente modelo de iPhone, en un coche caro, en unas bolsa de diseñador, en la final del mundial de fútbol. Algunos de nosotros hace tiempo que nos dimos cuenta de que la felicidad que esas cosas nos proporcionaban no duraba ni una semana, y nos empezamos a preguntar qué era lo que daba la felicidad realmente. Nadie tenía una respuesta satisfactoria para nosotros.

Como decía Tyler, de El Club de la Pelea:

“Veo mucho potencial, pero está desperdiciado. Toda una generación trabajando en gasolineras, sirviendo mesas o siendo esclavos oficinistas. La publicidad nos hace desear coches y ropas. Tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos, no hemos sufrido una gran guerra ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seríamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock. Pero no lo seremos, y poco a poco lo entendemos, lo que hace que estemos muy enojados”.
¿Y qué podemos hacer? De entrada no mucho. La misma persona del principio me contaba su camino personal:

“Hace tiempo leí un libro de ciencia ficción de Neal Stephenson, “La Era del Diamante”. En uno de los pasajes hacía referencia al sintoísmo: el conocimiento debe ir de dentro hacia fuera. Primero debemos conocernos, entendernos, aceptarnos y después proyectarnos hacia fuera; conocer, entender y aceptar a los demás y al mundo para que así el mundo pueda conocernos, entendernos y aceptarnos. Esa es la vía que sigo desde entonces: conocerme a mí mismo, conocer al resto y hacer que me conozcan.
Creo que eso ayudará al mundo, en algún plano. Lo único que le falta a este puto mundo es pararse a escuchar”.

Yo también creo que esto ayudará al mundo en algún plano. Pienso que el mundo se parará a escuchar cuando tengamos algo interesante que decir.

De momento, a los que ya sabemos que no somos un hermoso y único copo de nieve, nos queda la responsabilidad de empezar a considerar nuestro papel en el mundo. Eso y seguir reciclando, usando focos ahorradores y cerrando la llave mientras nos lavamos los dientes.

Lo estamos haciendo muy bien.




lunes, 8 de septiembre de 2014

Habla mi ego.


No cariño, tú no quieres a alguien como yo. No sé si puedo quedarme, no sé si un día dejare de correr. Me gusta el alcohol, el tabaco y la pornografía. Soy malhablada y como de más. No me peino, no me maquillo y no sé hacer de comer. Tú no quieres a alguien así corazón, soy un desastre, me pierdo, a veces no hablo, a veces hablo tanto que te darán ganas de callarme y salir huyendo. Dicen que soy libre en exceso, me gusta rezar y prender inciensos. Hago limpias y tengo sueños. Tú no quieres una loca como yo, ausente, voladora y efímera; claridosa, vanidosa y egoísta. Tú no quieres mis llantos de la nada, ni mis huidas de esta realidad. Tú no quieres mis intermitencias, irrealidades y pesadillas. Además mis piernas son chuecas y tengo sobrepeso. Tú no quieres a alguien como yo… Pero si lo quieres, si me quieres y te arriesgas, no me domestiques, camina conmigo, juégame, gáname, tiéntame. Acompáñame al cielo y si el infierno nos llama, quémate conmigo. Junta tus manos con las mías, tus rezos a mis suplicas, tus ojos a mis pupilas y tu corazón a mis latidos. Pero sólo si quieres, vida mía, si quieres.

                                                                              

                                                                             – Habla mi Ego, Mercedes Reyes Arteaga

martes, 17 de junio de 2014

Un abrazo al cielo.

Padre, te amo.

Quiero cerrar mis ojos y abrazarte con el alma, decirte cuánto te quiero, sentir que a mi lado estás. Aunque ya no esté cerca de ti sé que estás conmigo para siempre. Cuando te necesito siento que estás en el cielo, entre las estrellas que miro o tal vez en aquella luna resplandeciente protegiéndome como siempre con esa hermosa luz de amor infinito, aquella que nunca muere.

Un abrazo al cielo para ti, ya no le perteneces a este mundo injusto pero si al firmamento  donde no existe el sufrimiento, donde puedo sentir tu felicidad.

Vuelo entre mis sueños hacia ti siempre, caminemos entre las nubes y déjame contarte todo aquello que no me dio tiempo de decirte.

No me dijiste adiós, tal vez porque los padres nunca se despiden de sus hijos, aquellos a los que cuidan siempre, estén donde estén.

Sé que la vida da lecciones y una de ellas fue perderte, cuando no tenías edad para marcharte ni yo para no tenerte.

Hoy te recuerdo con un nudo en la garganta pero sé que estás bien, viviendo alegre entre los ángeles. 

¡Feliz Día del Padre! Hoy sigo tu misma huella, camino el mismo sendero. Te amo.

¡Te mando un abrazo al cielo! ¡Qué honor que seas mi padre!



Gracias a la vida aún tengo a mi padre a mi lado, pero decidí hacer este escrito para todos aquellos padres que cuidan a sus amados hijos desde el cielo.

domingo, 13 de abril de 2014

Dejar de ser niña

«Yo solo quería ver las caricaturas toda la mañana, pero me obligaron a salir a creer en algo que no existe».
 

Cuando era niña nunca quise escuchar el gran consejo de todos "disfruta de la niñez, cuando crezcas solo desearás ser niña de nuevo" y yo pensaba "no, los adultos pueden hacer lo que quieran, ya quiero crecer y hacer lo que quiera" por eso de las tareas... y los regaños y castigos y prohibición de horas limite para ver la tv o jugar y demás.. ser adulto parecía ser la libertad de hacer lo que te viniera en gana, porque "eres grande y puedes hacer lo que quieras".

No es cierto, si puedes hacer mas cosas, "sin prohibiciones" pero ya es bajo tu responsabilidad. No habrá alguien más que interceda por ti y diga "lo hizo sin querer, es pequeñ@", no habrá tareas y maestros regañones, pero habrá trabajo y gente que te diga lo que debes hacer, y el no cumplir no amerita un 0 o baja calificación, va sobre tu reputación y desempeño, sobre el sueldo que percibes para poder "hacer algo" más con tu vida... algo que sin dinero no es fácil conseguir. El dinero, si bien no da felicidad, permite que puedas compartir cosas materiales con las personas, o incluso momentos geniales, ir a mas lugares, darte gustos, y eso es bueno.. pero mejor es cumplir con lo que debes y sentirte satisfecho de lo que haces, y además recibir algo por eso.

¿Quisiera ser niña otra vez?

No, pero si quisiera tener la misma ilusión que tenia cuando lo era, la misma fe ciega sin cuestionamientos, la misma facilidad para toma de decisiones sobre lo que quería hacer, la misma energía, el mismo valor de creer en las personas, de saludar a todo el mundo con una sonrisa y conversar solo porque si... Sin juicios, sin prejuicios, sin desconfianza...


Me queda ser lo que soy y tratar de conservar lo más que pueda de esa esencia... de ser así...

sábado, 11 de enero de 2014

Los supuestos otakus


"No me siento a gusto en ese lugar que creí, de cierta forma seguro para mi, hablo del mundo del anime y manga, ese mundo que conocí desde pequeña y que me encanta. Y es que ahora los nuevos "otakus" (y alguno que otro viejo) se me hacen nefastos, se expresan tan horrible y pierden su identidad creyéndose que vienen de Japón, que dominan el idioma, y que además ese país es la perfección cuando no lo es.

No me gustan, son groseros y terriblemente arrogantes. Esto me hace perder las ganas de conversar con ellos, siempre tendrán un adjetivo burlesco para algo que no les agrade, y eso de verdad se me hace una reverenda estupidez.

Luego comienzan a deformar las palabras, dicen "otaco", "caguai", "animu", "monas shinas" entre muchas otras, a veces decirlo de broma es divertido pero ellos lo hacen siempre, cosa que termina cansando, además se agreden entre ellos, critican el anime y manga de forma brutal y ofenden a los que les gusta un anime que a ellos no, como si ellos fueran expertos de la animación, también detestan a los que aún les gusta hablar de los animes clásicos o que son muy conocidos y bueno, ¡todo el tiempo hablan de anime!, a mí me gusta, pero...¡demonios, hay miles de temas de los que se pueden hablar! Y digo que tienen demasiado tiempo libre para estar viendo anime tras anime, o leyendo manga tras manga. Hay tantas cosas afuera. 

Se creen especiales, se creen únicos, vanguardistas y raros, creen que ser inadaptados es algo genial, que el anime y manga es lo mejor del mundo, que las personas que no lo ven o no les gusta son retrasados o algo por el estilo. Están desesperados por llamar la atención y ser "kawaiis", porque ahora resulta que a todos les gustan los "nekos", son fans de pokemon, etc.

Buscan ser extraordinarios y no lo son. Simplemente son falsos. Me molesta que esa actitud se generalice a costa de las buenas personas que de verdad son fans del anime y manga, que ven/leen lo que les gusta simplemente por eso, por que les divierte o se identifican con la historia.

Creo que estos seres han provocado que me haya alejado poco a poco de este mundo, ya no se puede platicar con nadie, ya nadie puede tener sus gustos, siempre habrá alguien que este jode y jode, eso me desespera.

Y aclaro, no digo que todos sean así, pero últimamente es lo que he visto y una disculpa si he ofendido a alguien con lo que he escrito".


Me siento completamente identificada con el texto de esta chica. Por muchas de las razones que presenta yo también me he alejado de todo este mundo del anime. ¡Qué desesperantes son los otakus ahora!